sábado, junio 25, 2005

Sant Joan

Pasó San Juan y no vi ni una sola hoguera. Ni en la playa, ni en la ciudad. Pero vi arder corazones y el dolor del amor abrir las puertas del infierno que lleva cada uno a cuestas, pesado e intransferible. Esa carga que nadie puede aligerar, y que atormenta a cada instante, sin reparos ni treguas.

Así fue Sant Joan, una noche de sinceridad y confesiones, en donde vi que hay corazones que son tan grandes que en el dolor parecen infinitos. Y me dolió ver el dolor de esos corazones que no tienen instrucciones y no saben a donde ir ni que hacer, y que a penas tienen fuerzas para mantener el rumbo que les pierde. Fue la sinfonía de los corazones rotos y por romper, y yo sólo toco el violín en esta orquestra donde hay quien ronda el virtuosismo.

No hay recetas. No hay respuestas para todo. Pero hay esperanza. Porque os puedo decir que el dolor pasa de la misma forma que pasan las tormentas. Bien lo sabe quien ha visitado los infiernos.

Dejar atrás lo que un día nos hizo felices, y que nunca volverá, es quizás lo más duro. Revivirlo es un martirio. Pero lo peor de todo es estar en tierra de nadie, atrapado por la incertidumbre.

Ánimo a todos, que quien no tiene cicatrices en las manos y el alma es que no ha vivido. Y no hay nada peor que vivir sin sentimiento, sin sentir. Después de todo la vida es una enfermedad de transmisión sexual con una mortalidad del 100%. Hay cosas que no haríamos si supiesemos que estamos enfermos, condenados a muerte. Pero con la salud se nos olvida que sólo somos un suspiro en la eternidad y quizás por eso sentimos el dolor como un huracán que todo lo arrasa.

6 comentarios:

Vera dijo...

qué pesimismo, no? Lo de la mortalidad 100%... no se :S
Hay cosas buenas y cosas no tan buenas en el amor. Y cosas que te hieren muchísimo. Pero eso es como todo..

Prometeo dijo...

Puede parecer pesimismo, pero no lo pretende ser. Es solo una tristeza compartida, porque el amor es lo más grande, cuando está presente y en su ausencia también. Por nada cambio el amor.
Me duele ver sufrir por amor, porque es una carga que nadie puede aligerar. Y mi sufrimiento por amor no encuentra alivio, sino distracción. Tal como tu dices, es como todo.

Recordar las cosas buenas, y guardarlas como tesoros. Poner las malas en cuarentena. Y que el dolor se vaya convirtiendo en tristeza, luego en pena, y no se como sigue... pero se que acaba bien :-) (esto viene de un comentario de "No sos vos, soy yo").

El caballero de los espejos dijo...

Pues quien sabe si acabe bien, lo cierto es que la cadena del dolor es difícil de cortar, que hay al final de eso, sólo las personas que son felices te lo pueden decir, afortunados ellos.

Vivir sin amor es feo, comparto el sentir.

Vera dijo...

Supongo que acaba en melancolía...

Angel eléctrico dijo...

Escribo para felicitarte por las fotos de tu otro blog, están verdaderamente geniales.

Prometeo dijo...

Gracias angel eléctrico :-)


Hoy me han vuelto a decir que este post es muy pesimista, y la verdad, pretendía todo lo contrario. A veces se confunde el pesimismo con lo doloroso. Reconozco que seguramente es doloroso, pero guarda la esperanza y la ilusión de que todo dolor pasa y que tras la tormenta llega la dulce calma. Y la vida es tan corta que hay que desdramatizar.
Gracias por vuestro tiempo y aprecio. Un abrazo.