domingo, febrero 18, 2007

La silla

Se puso la corbata mirándose al espejo, dejando que fuesen sus manos arrugadas las que recordaran como hacer el nudo. Mientras sus recuerdos le transportaban a ella. La recordaba tan hermosa como la había conocido, con su melena negra que reía con ella llenando de color hasta el día más gris. Recordaba todos y cada uno de sus gestos. Recordaba su aroma, sus manos, sus despertares, sus desvelos y sus suspiros. Recordaba y sonreía, sin poder evitar que una lágrima cayera por su mejilla.

Se puso la chaqueta y vió como el mundo ya era de cristal. Sabía que no quedaba nada más que hacer, así que se despidió de su propio reflejo levantando levemente la cabeza. Iba a reunirse con ella después de tantos años y aún no sabía lo que iba a decir, pero sabía que eso era lo de menos. Sólo dudó un poco antes de apagar la luz, pues quizás a oscuras no era la forma más correcta de volver con ella.


1 comentario:

Medea dijo...

;) Dicen que el amor no tiene edad, pero la realidad es que el amor de los mayores es algo tabú, como si ya no les perteneciera. Y no es verdad...

Un saludo!