viernes, abril 10, 2009

Perspectiva

Nadie es invulnerable a los días malos. En ocasiones estos días abren la veda y te empujan en una espiral descendente a las antípodas del optimismo. Y si bien el descenso es rápido el ascenso suele llevar más tiempo y sin duda más energía. O eso dicen.

Lo cierto es que mientras el viento silva en tus oidos y crees que lo que parece el fondo se hace más grande, dificilmente te planteas un camino de vuelta desde esa caida libre. Porque como mucho te planteas sobrevivirlo, o como mucho, acabarlo.

Por eso perdemos la perspectiva. Olvidamos que la caida no es más que un leve tropezón, y que en la escala planetaria e historica del dolor, tu patética depresión resulta una pantomima bochornosa reducida a escala molecular ante las catedrales de la barbarie y la inhumanidad que nos precede y rodea.

En ese orden de elementos encontramos el que seguramente sea mayor descalabro de la razón, el torrente de sin sentido más descabellado, absurdo e injustificable de la historia de la humanidad. Donde el horror se conjugó con la locura hasta límites insoportables. La Camboya de los Jemeres Rojos.

Donde hasta el amor estuvo prohibido. Donde matar a miles era cuestión de supervivencia. Donde los culpables tienen más garantias que los inocentes. Donde pintar un cuadro de Pol Pot te podía salvar la vida. Donde el fin de la guerra civil fue el principio del infierno:
La historia de Ing Mei es habitual. Su pecado fue ser hijo de un empresario. Perdió a su padre y dos hermanos pequeños en una cárcel. "Un guardia los cogió de las piernas y los tiró a la fosa común. Nos daban cada día dos cuencos de sopa con unos pocos granos de arroz. Nos comíamos las ranas y ratas vivas que cogíamos y chupábamos la sangre del suelo para que no nos descubrieran. A uno lo mataron por robar un plátano. Eran adictos a matar. Cuando se aburrían, venían a la celda y elegían a unos cuantos entre risas. El día perfecto era cuando se olvidaban de torturarte: lo dedicabas por completo a recoger mierdas de vaca con la mano", relata Mei.

No puedo menos que recomendaros las entradas que Adrián Foncillas ha dedicado a Camboya y que teneis aquí arriba enlazadas.

1 comentario:

Anónimo dijo...

y aun asi los camboyanos no estan de acuerdo en procesarles con o sin la ayuda de las naciones unidas. ni tenemos perspectivas ni aprendemos de nuestros errores.

aunque grandes caminos para motear...