martes, marzo 10, 2009

Recuerdos

El dolor de los recuerdos es que son suspiros en el frío invierno. Congelados en el aire, cambian de forma con solo recordarlos. No puedes volver atraparlos, ni respirarlos de nuevo. Simplemente se desvanecen delante de ti, yéndose para siempre cuando llegue la fría noche. Pero hasta entonces son el único recurso para tornar en cálido un aire que corta como el cristal.

Recuerdos con aroma a tiempos luminosos, caricias que se abrieron paso hasta tus entrañas, despertares paradisíacos, anocheceres irrepetibles, gestos que chisporrotean en tu memoria como destellos de felicidad, ante los que solo puedes sonreír y nunca volver a atrapar.

Aroma a café recién hecho, tostadas, y zumo. Jabón, champú y toallas secas. Sábanas y sábado por la mañana. Noche eterna, vino y cena. Conversación que trepa hasta el atardecer. Saludo con beso en el quicio de la puerta numero cincuenta, azul oscuro frente al jardín donde nuestras bicis esperarán abrazadas hasta el nuevo día y lo que él depare.

Recuerdos de una vida que se antoja sueño, semanas que se antojan meses, fortuna que no tiene precio. Porque una vida entera ya lo vale habiendo surcado los mares del deseo con el crepitar de nuestras caricias inflando las velas. Haciendo infinitos los segundos, engañando a la gravedad aunque solo sea por un instante eterno.

Porque los suspiros duelen cuando anhelan lo que ahora es ausencia, pero dan vida cuando nos recuerdan lo privilegiados que fuimos al respirar el mismo aire tan de cerca.