lunes, mayo 16, 2005

El reino de los cielos

El otro día fui a ver esta superproducción de Ridley Scott convencido de que sería espectacular y poco más. Para mi sorpresa salí del cine totalmente impactado, tanto por la violencia desgarradora y desesperada, como por el mensaje de convivencia y esfuerzo por la paz.

Seguramente pase desapercibido y la mayoría de la gente se quede con la espectacularidad de la historia y de las batallas. Quizás a algunos les plantee dudas sobre su concepto de las cruzadas y los sarracenos, pero seguramente a la mayoría las secuelas de la adrenalina no dejen hueco para recordar la crítica furibunda a la situación actual en el mundo, especialmente respecto al terrorismo y el ejercicio del poder, que se hace sin tapujos durante toda la película.

Pero lo que más me ha gustado es como se muestran los bandos enfrentados. Es cierto que los personajes son bastante simples, monocromáticos, como es habitual en las películas norteamericanas, para facilitar la digestión de la historia. Pero los dos bandos, cristianos y sarracenos, tienen sus propios fanáticos religiosos, psicópatas enfermizos, soldados que no cuestionan ordenes, caballeros honorables, y personas sin voluntad. Así se muestra que básicamente en todos lados cuecen habas, y que no hay malos o buenos, sino personas que tienden a actuar de una u otra forma, sin importar el dios o la raza. Algo que sabemos todos pero que las películas épicas endulzan para que a alguno les sea más agradable vivir en este mundo.

Y en el medio aparece la guerra que se muestra sin muchas concesiones, rodada de forma tan trepidante como confusa en ocasiones, y que en la desesperación enseña a personas que solamente quieren sobrevivir. Así queda retratado el salvajismo y la inutilidad de la guerra, y que dios no tiene nada que ver con la estupidez humana.

Obviamente quien más necesita aprender estas lecciones es quien no va a verlas ni a escucharlas aunque las tenga a dos palmos de la nariz.


Básicamente salí del cine con la sensación de que la paz merece la pena, y que paz no es tener a quien es diferente lejos, sino convivir con la diferencia.
Y a quien le parezca esto empalagoso será porque le da pereza hacer el gran esfuerzo que esto supone.




PD: Y después de algo así, el Episodio III se me antoja una memez de mucho cuidado, chula, eso sí, pero mema.